El Universo en los mitos y leyendas mapuches   Leave a comment


La astronomía según nuestros antepasados III

La oralidad  en el mundo mapuche, han descrito los expertos, es fundamental para entender su cosmovisión. Es una comunidad que no tuvo una escritura formal para registrar y conservar el conocimiento. Por lo tanto, el mapuzungun, su lengua, los mitos, las historias y las leyendas constituyen uno de los reservorios más valiosos de su sabiduría con respecto al mundo que les rodea.

Es en estos “espacios” donde se encuentra además el saber mapuche sobre el Universo. Eso son solo algunos ejemplos:

Sobre el origen del Universo

“La Tierra era una gran casa de piedra en la que vivía un matrimonio que tenía varios hijos: küyeh (luna), antü (sol), wüñejfe (lucero), cherufe (ser con aspecto animal, no siempre visible) y che (gente). Los padres salieron de su casa y los hermanos se pelearon; tan grande fue la pelea que no vieron que el fuego estaba encendido y que cada vez se hacía más grande. Tan grande que hizo explotar la casa”.

Los hijos volaron por todas partes; unos volaron hacia arriba: (espacio) antü, küyeh y wüñejfe; el cherufe voló hacia unos montones de rocas, que ahora se llaman zegüñ (volcán); el Che que era el menor, voló junto con los peñascos y ahí se quedó. Entonces, dijeron: «nunca más vamos a pelear, es mejor que trabajemos». Así küyeh trabaja regando; antü hace fuego para temperar la casa…”.

Cómo se formó la Vía Láctea

Arriba, en el cielo azul, vivían antiguamente dos diosas, una buena y otra mala. La mala estuvo un día rabiando por allá arriba porque se había enterado de que su enemiga espera un hijo. Como ella no tenía ninguno, sintió tanta ira que a penas cabía en sí. Acecho el nacimiento del niño y en el primer momento en que se separó de la madre, lo robo. En vano la pobre diosa buena lo buscaba por todo el cielo; pero no logró encontrarlo a pesar de que preguntó a todas las estrellas.

No estaba junto a pünon choike (huella de avestruz o Cruz del Sur), tampoco estaba en el wetrul poñü (reunión de pollitos o Pléyades del sur ) o en chawn achawal (montón de papás o Pléyades). El avestruz no lo tenía oculto bajo sus alas; no estaba acostad la Kürü weke, piel negra, y tampoco en el malal kullin (corral), donde estaban los animales nuevos.

¿Dónde estaba oculto? Mientras se retorcía de un lado a otro, miró hacia la Tierra. Un grito llegó hasta ella: había muerto en ese momento la madre de un recién nacido…cuando el pequeño desamparado comenzó a llorar desesperadamente de hambre y frío, la diosa bajo del cielo a la Tierra, levando al niño y voló con él a la estrella que le pertenecía y donde vivía.

De inmediato la boquita hambrienta busco el pezón de la madre y bebió con tanta premura que pronto se quedó dormido. Al rato comenzó a dolerle intensamente el otro pecho, la diosa lloró y se lamentó: la dulce leche le corría por el cuerpo, lo teñía de blanco. Súbitamente dijo: “Seguramente en la Tierra hay muchos niños que tiene sed y hambre. A ellos les daré mi buena leche”. Así comenzó a exprimir sus pechos de modo que la leche se elevó en altos chorros y luego formó un arroyo en el propio cielo; el wenu leufu, arroyo del cielo, del que cada gota se transformó en una estrella y todas ellas brillan y centellean, ya sean pequeñas o grandes.

Publicado octubre 27, 2011 por Mery en Mitos y leyendas

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