Aportación de Robert Wilson   Leave a comment


Científico y radiaostrónomo estadounidense, nacido en Houston (en el estado de Texas) el 10 de enero de 1936. Fue galardonado con el Premio Nobel de Física -que compartió con el alemán Arno Penzias (1933- ) y el ruso Piotr Leonidovich Kapitsa (1894-1984)- en 1978, “por el descubrimiento de la radiación que se supone ser el resto o residuo de la gran explosión que dio origen al Universo“. Su nombre completo era Robert Woodrow Wilson.

Nieto de granjeros procedentes del sur de Texas, e hijo de un químico que trabajaba en una explotación petrolífera de Houston, Robert Woodrow Wilson fue el mayor de tres hermanos de una familia de clase media en la que primaba el interés por la educación, considerada como la principal vía de ascenso social.

Cursó sus estudios primarios en una escuela pública de su ciudad natal, donde compaginó su dedicación a todas las asignaturas básicas con los estudios de piano y trombón. Entre sus actividades preferidas figuraba también el patinaje sobre hielo y las largas estancias veraniegas en la granja que explotaban unos tíos suyos, ubicada al oeste de Texas.

Se aficionó a los estudios científico-técnicos al acompañar a su progenitor, todos los sábados por la mañana, al yacimiento petrolífero donde éste trabajaba. Allí, el pequeño Robert Woodrow descubrió diferentes equipos y herramientas que llamaron su atención, y quedó fascinado con los materiales que estaban a la venta en la tienda de la empresa. Y tanto se aficionó a la electrónica, que acabó construyendo pequeños aparatos de sonido de alta fidelidad, así como reparando radios y televisores de sus amigos y vecinos, con lo que obtuvo sus primeros ingresos.

A pesar de esta innata habilidad para la Ciencia y la Tecnología, no brilló en estas materias durante su paso por el instituto. Pero poco después, al ingresar en la Universidad de Rice, se reveló como un alumno aventajado en Física, disciplina en la que obtuvo la máxima calificación al concluir su carrera. Alentado por este éxito, bajo la supervisión del profesor C. F. Squire el joven Wilson realizó, en 1957, una brillante tesina de licenciatura, consistente en el diseño y la construcción de un novedoso y eficaz regulador magnético de valiosas aplicaciones en la Física de bajas temperaturas. Acto seguido, el científico de Houston encontró un empleo de verano en la empresa Exxon, donde presentó su invento y consolidó su primera patente.

Pasó luego al prestigioso Instituto Tecnológico de California (CalTech), donde emprendió una tesis doctoral en Ciencias Físicas que culminó en 1962, año en el que obtuvo el grado de doctor en dicha materia merced a un interesante trabajo que supuso su primer contacto con el ámbito de la radiostronomía. Fue David Dewhirst, un astrónomo de Cambrigde, quien le sugirió que se pusiera en contacto con Gordon Stanley y Jonh Bolton, éste último presente en el CalTech con motivo de la construcción del ambicioso Radio Observatorio de Vallery Owens. Wilson comprobó entonces que la radiostronomía ofrecía una interesante combinación de elementos de física y electrónica, materias que ocupaban el centro de sus estudios e investigaciones.

Antes de centrarse de lleno en la radiostronomía, Richard Woodrow Wilson regresó a Houston para contraer matrimonio con Elizabeth Rhoads Sawin. Luego volvió al Observatorio recién construido en el CalTech y asistió a sus primeros cursos de astronomía, disciplina en la que brilló tanto que el propio John Bolton le reclamó para que se incorporase a su equipo de investigación, consistente en el trazado de un mapa completo de la región de la Vía Láctea visible desde la Tierra.

Tras haber realizado su tesis doctoral y otros proyectos postdoctorales en el Instituto Tecnológico de California (al que estuvo ligado durante cuatro años, en el transcurso de los cuales nació Philip, su primer hijo), Wilson se incorporó a los laboratorios de la prestigiosa compañía Bell Telephone, de Nueva Jersey, para la que ya había realizado algunos trabajos en 1961. Allí, encargado del diseño de un par de amplificadores de masa para el interferómetro, tuvo ocasión de conocer al alemán con Arno Penzias, con el que pronto empezó a colaborar en la construcción del radiotelescopio que se usaba para establecer las comunicaciones con los satélites.

Penzias y Wilson llegaron a compenetrarse tan adecuadamente en su trabajo desarrollado en el laboratorio de la Bell Telephone, que, ante la necesidad de que uno de ellos abandonara la empresa debido a una reducción de la plantilla y de los gastos de investigación de la empresa, ambos propusieron a la compañía continuar trabajando juntos, a razón de media jornada. Esta estrecha colaboración trajo consigo descubrimientos que acabaron por proporcionarles el premio Nobel, entre ellos, el hallazgo de la radiación remanente del big bang, predicha teóricamente por George Gamow (1904-1968) en 1948.

Posteriormente, ambos radioastrónomos descubrieron grandes cantidades de monóxido e carbono en una nube molecular cercana a la nebulosa de Orión, y enseguida coligieron que el CO figura diseminado por toda la galaxia. Su pericia en el manejo de los equipos con los rastreaban el espacio sideral les permitió probar esta suposición con el hallazgo de un elevado número de moléculas. Particularmente brillante fue su descubrimiento, en 1970, de grandes cantidades de monóxido de carbono en una nube molecular oculta tras la nebulosa de Orión.

Wilson, que había sido nombrado director del departamento de Radiofísica de los laboratorios Bell en 1964, se había instalado en una casa cercana a su centro de trabajo, emplazada en Holmdel, donde vinieron al mundo sus hijos menores (Suzanne, nacida en 1963, y Randal, de 1967). Allí continuó compaginando su intensa dedicación a la radioastronomía con sus aficiones de toda la vida (el piano, la lectura, el footing y el patinaje por los lagos helados de los bosques del Este). Y en 1978, tras haber sido reconocido con el Nobel, fue contratado como profesor adjunto de la State University de Nueva York (SUNY). Un año después, fue elegido miembro de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos.

Además, Robert Wilson perteneció a la American Astronomical Society, a la International Astronomical Union, a la American Physical Society, a la International Union of Radio Sciences y a la American Academy of Arts and Sciences. Y fue galardonado con otros premios y condecoraciones de tanto prestigio internacional como la medalla “Phi Betta Kappa”, la medalla “Sigma Xi”, el premio “Henry Draper” y la medalla “Herschel”.

Los residuos del big bang

Hacia 1964, en plena colaboración, codo con codo, con Arno Penzias, Robert W. Wilson comenzó a utilizar un radiotelescopio empleado hasta entonces en los laboratorios Bell para establecer comunicaciones con el satélite Echo. Se trataba de un instrumento no demasiado grande ni complejo, provisto de una antena de seis metros de diámetro, aunque capaz de captar señales que pasaban inadvertidas para otros aparatos menos sensibles.

Al medir la radiación de fondo con el propósito de eliminar el mayor número posible de ruidos que entorpecían la comunicación, Wilson y Penzias hallaron ciertos restos indeterminados en la región espacial de las microondas. En un principio, hubieron de reconocer, perplejos, que desconocían el origen y la procedencia de estos residuos, que seguían detectando en su radiotelescopio incluso después de haber eliminado los ruidos provocados de la atmósfera terrestre provocados por la actividad humana (particularmente, los emitidos por la vecina gran ciudad de Nueva York). Quedaba, pues, probado, que estos residuos no procedían de la actividad del hombre, ni de otras perturbaciones posibles que ambos radioastrónomos detectaron y eliminaros (como los defectos propios de los aparatos receptores de la época, así como las interferencias producidas por unas aves que habían anidado en la antena).

Alguien llegó a sugerir, incluso, que los residuos detectados por Penzias y Wilson podrían ser el testimonio de alguna actividad de seres extraterrestres; pero ambos radioastrónomos desestimaron esta hipótesis al constatar que la radiación de fondo captada por sus instrumentos -radiación equivalente a la de un cuerpo negro a una temperatura de tres grados Kelvin- se distribuía de forma idéntica por todas las direcciones. Fue entonces cuando, de forma casual, Wilson y Penzias contrastaron sus datos con los de un equipo de investigadores de la Universidad de Princeton, comandado por Robert Dicke, que, de forma teórica, estaba intentando demostrar la existencia de los residuos detectados en los laboratorios Bell. En Princeton buscaban, realmente, una radiación que, según lo previsto en teoría por Gamow en 1948, tenía que estar formada por los residuos de la gran explosión que había dado origen al Universo (big bang). Y esos residuos o remanentes no eran otra cosa que la radiación de fondo detectada por el radiotelescopio que manejaban Wilson y Penzias.

Había sido Bernard Burke, científico perteneciente al prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), quien, conocedor de los trabajos realizados de forma experimental en los laboratorios Bell y de manera teórica en la Universidad de Princeton, había puesto en contacto a ambos equipos de investigadores. Las pruebas prácticas de Penzias y Wilson, así como las especulaciones -ciertamente atinadas- de Robert Dicke y su equipo de Princeton, fueron publicadas en un mismo número de la revista Astrophysical Journal. En su bien documentada aportación, los radioastrónomos demostraban que los residuos que habían descubierto se correspondían con el remanente de la gran explosión predicho, en su día, por Gamow; o, dicho de otro modo, que las microondas de intensidad uniforme que se extienden por todo el espacio sideral, detectadas por su radiotelescopio, podrían ser los restos de la explosión original que dio origen al Universo.

http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=wilson-robert

Publicado noviembre 16, 2011 por mariaprm en Teorías sobre el espacio

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